#7hábitos: El primero, sea proactivo


«Las personas proactivas llevan consigo su propio clima. El hecho de que llueva o brille el sol, no supone ninguna diferencia para ellas» Stephen Covey

Como continuación a la serie 7hábitos que inicié hace unos meses, hoy, voy a compartir mis reflexiones sobre el primero de los hábitos que nos plantea Covey para mejorar nuestra efectividad: ser proactivos.

¿A qué llamamos proactividad?

Dentro del contexto de la efectividad personal, la proactividad tiene que ver con la iniciativa y con la responsabilidad. Iniciativa para iniciar acciones. Responsabilidad, o habilidad para elegir respuestas. Por lo tanto, proactividad es la habilidad para elegir respuestas e iniciar acciones que nos ayuden a lograr nuestros resultados.

«Nuestra conducta es función de nuestras decisiones, no de nuestras condiciones» Stephen Covey

«Actitud reactiva» vs «Actitud proactiva»

Las personas con actitud reactiva, ven su realidad a través de tres filtros amparados por viejas teorías deterministas.  El primero, culpa a la genética de la situación. Mis antepasados son los responsables de mi mal genio. El segundo, culpa a la educación y a las experiencias de la situación. Mis padres y profesores son los responsables de mi frustración desmedida cuando cometo un error. Y el tercero, culpa al entorno de la situación. Mi hijo, mi jefe, la crisis, los árbitros, los políticos…son los responsables de mi situación. Asumen que el ADN, las experiencias y las condiciones son los únicos responsables de sus resultados.

«Entre estímulo y respuesta, los seres humanos tenemos la libertad interior de elegir» Victor Frankl

Las personas con actitud proactiva, asumen la responsabilidad de elegir sus respuestas a determinados estímulos externos. Son conscientes del poder que les ha otorgado la naturaleza para decidir con qué filtros ver la realidad. Asumen que, como seres humanos, pueden formular nuevos programas de actuación, independientes de sus instintos, condicionamientos y condiciones. Tienen claro que el mapa, no es el territorio.

«Lenguaje reactivo» vs «Lenguaje proactivo»

El lenguaje reactivo, enfoca a la persona a eludir responsabilidades, con impotencia y con privacidad de control. Está plagado de «tengo que…», «debo hacer…», «no puedo…», «soy así…» o condicionales del tipo «si Juan fuera diferente…», «si tuviera…».

«El lenguaje de las personas reactivas, las absuelve de responsabilidad. El lenguaje de las personas proactivas, las inunda de iniciativa para cambiar la situación»

El lenguaje proactivo, impulsa a la persona hacia la acción, la elección y la decisión. Está plagado de «he decidido…», «he preferido…» o «voy a ser…», «voy a hacer…».

«Círculo de preocupación» vs «Círculo de influencia»

Otra forma de tomar conciencia de nuestro grado de proactividad, es examinar hacia donde enfocamos nuestra atención. Las personas tenemos una serie de áreas de preocupación en nuestra vida: los hijos, la salud, los padres, la jubilación, el desempleo, los conflictos armados, el terrorismo, la deuda pública, la política, las desigualdades sociales…

De entre todas ellas, podemos separar las que realmente nos preocupan y tenemos compromiso por dedicarles nuestra atención. Este conjunto será nuestro círculo de preocupación.

Si examinamos las áreas que integran éste primer círculo, es evidente que sobre algunos aspectos no tenemos ningún tipo de control real, pero sobre otros, depende de nosotros cambiar la situación. Aquellos aspectos que nos preocupan, con los que estamos comprometidos para dedicarles nuestra atención, y sobre los que tenemos el control, circunscriben, dentro del círculo de preocupación, nuestro círculo de influencia.

«Siempre que pensemos que el problema está allí fuera, este pensamiento es el problema» Stephen Covey

Las personas con actitud reactiva, centran sus esfuerzos en el círculo de preocupación. Su foco se sitúa en los defectos de otras personas, en los problemas del entorno y en las circunstancias sobre las que no tienen ningún control.

Las personas con actitud proactiva, centran sus esfuerzos en su círculo de influencia. Dedican su atención a aquellos aspectos sobre los que pueden hacer algo.

Compromiso, la esencia de la efectividad

Los seres humanos, tenemos la capacidad de tomar conciencia, de identificar áreas de mejora, hábitos que desarrollar o competencias que entrenar. Puede que hayamos decidido mejorar nuestra efectividad personal. Sabemos cómo hacerlo. Y además, depende de nosotros pasar a la acción, pero, ¿lo hacemos realmente?

Otro indicador que muestra nuestro grado de proactividad, es la integridad con la que mantenemos los compromisos con nosotros mismos. Comprometernos y mantener estos compromisos, es fundamental para desarrollar los hábitos que mejorarán nuestra efectividad. Querer, saber, poder y hacer, pura proactividad.

Poniendo a prueba tu proactividad

Llegado a este punto, podemos pensar que la solución a gran parte de nuestros problemas, no depende exclusivamente de nosotros, y estaremos en lo cierto…Pero, ¿hacia dónde nos conduce este enfoque de la situación? Actitudes reactivas que limitarán nuestros resultados y en definitiva, nuestra felicidad.

Si te animas a poner a prueba tu proactividad, te lanzo una propuesta: identifica una experiencia, un proyecto, un asunto que quieras cambiar, pero sobre el cual, estás mostrando un comportamiento reactivo: balones fuera, lenguaje, círculo de preocupación…

Por ejemplo, tu jefe. Una persona, como cualquier otra, con sus puntos fuertes y débiles. Una persona creativa, inteligente y técnicamente buena, pero con un estilo de relacionarse con las personas que deja mucho que desear. Tras varios años, el ambiente en la oficina está enrarecido. El clima laboral demuestra malos rollos entre compañeros, y el aire que se respira, está cargado de frustración e impotencia.

Frente a esta situación, podemos elegir un enfoque reactivo: «Mi jefe es un incompetente», «La situación es la que es, y no puedo hacer nada», «Si me planteo hacer algo, no me lo va a permitir», «Cualquier cambio que implementemos, va a ser un fracaso», «Para qué intentarlo, si no va a funcionar» … «Conversaciones de cafetera» que nos ponen del lado del problema.

Pero también, podemos elegir un enfoque proactivo: «Voy a hablar con mi jefe para exponerle cómo veo la situación y le voy a proponer nuevas alternativas», «Voy a evitar las conversaciones de cafetera», «Voy a compensar la actitud dictatorial de mi jefe, con empatía y flexibilidad frente a las personas del departamento», «He decidido cambiar de empresa», «Voy a controlar mis emociones, decidiendo cómo me afecta esta situación» …Dialogo interior y actitudes personales que nos ponen del lado de la solución.

«Trabajando sobre nosotros mismos, en lugar de preocuparnos por las condiciones, pudimos influir en las condiciones» Stephen Covey

Yo, ya tengo claro el asunto en el que voy a trabajar mi proactividad durante las póximas semamas. Ahora, toca centrarme en mi círculo de influencia, en definir qué voy a hacer yo para cambiar la situación.

Y tú, ¿ya has decidido con qué proyecto vas a poner a prueba tu proactividad? En tus manos está poner el foco fuera (actitud reactiva), o dentro (actitud proactiva). Depende de ti echar balones fuera (actitud reactiva), o preguntarte ¿qué puedo hacer yo para hacer que las cosas sucedan? (actitud proactiva). Tú decides seguir haciendo lo mismo (actitud reactiva), o hacer algo diferente (actitud proactiva).

Muchas gracias por pasarte por el blog y hasta la próxima.

Jesús Serrano Ducar

Soy consultor artesano y nodo de OPTIMA LAB, una red productiva que ayuda a personas y organizaciones a ser más efectivas para lograr sus resultados por medio del aprendizaje basado en la experiencia y nuevas metodologías centradas en las personas.

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