¿Sabes el precio que estás pagando?


ETIQUETAS CÓDIGOS BARRAS O2

La semana pasada definía el concepto «fatiga de la decisión» como el coste oculto asociado a cada decisión. Por trivial o sencilla que parezca, cada decisión que tomamos, y no decidir es una decisión, consume parte de nuestra energía y por lo tanto, limita nuestra eficiencia y afecta de manera negativa a nuestra eficacia.

Decidir varias veces sobre un mismo tema para un mismo fin está comprobado que es un hábito que limita nuestros resultados. Hoy, voy a seguir analizando otros hábitos extendidos entre los profesionales del conocimiento que al igual que el anterior, impactan de manera negativa contra tu efectividad.

En este post, José Miguel Bolívar define con claridad cristalina los conceptos eficiencia, eficacia  y efectividad:

  • Eficiencia es «hacer bien las cosas», es decir, hacer las cosas buscando la mejor relación posible entre los recursos empleados y los resultados obtenidos.
  • Eficacia es «hacer las cosas correctas», es decir, hacer las cosas que mejor conducen a la consecución de los resultados.
  • Efectividad es «hacer bien las cosas correctas», es decir, hacer las cosas de forma eficiente y eficaz.

Ciertos hábitos, como los que voy a explicar a continuación, dejan abierto el círculo de tu efectividad personal limitando tus resultados.

  • No capturar todas las cosas que en un momento dado, llaman tu atención, limita tus resultados. Si en lugar de anotar un pensamiento (interrupción interna) o una llamada de teléfono de un compañero (interrupción externa), dejas lo que estabas haciendo y te pones con ello, estarás dejando que éstas se apoderen de ti. Como consecuencia, pérdida de foco, empezar varios temas y no terminar ninguno, intentar llevar a cabo varias tareas al mismo tiempo y tu eficiencia, por los suelos.
  • Trabajar la mayor parte del tiempo a medida que surge, sin pensar ni decidir antes de hacer, limita tus resultados. Como consecuencia, dudas de si lo que estás haciendo es lo correcto. Tu eficacia abandonada al azar. Sensación de frustración por estar todo el día sin parar y llegar a casa  con la sensación de apenas avanzar.
  • Confiar en tu memoria para recordar lo que tienes que hacer, limita tus resultados. Compromisos incumplidos porque los has olvidado. Estrés y frustración por estar continuamente recordando cosas cuando no puedes hacer nada por ellas y de nuevo, tu eficiencia por los suelos.
  • No revisar sistemáticamente todos tus compromisos, todos tus frentes abiertos y todas tus ideas o posibilidades de futuro, limita tus resultados. Falta de confianza, estar pero no estar. En resumen, irte a dormir pensando en tu jefe, en el proyecto que tienes atascado o en el informe que le prometiste a Carlos sin enviar. Dudas de si lo que has elegido hacer es lo que más te acercaba a tus resultados.

«Lo mejor de todo es que aunque nada cambie, si tu cambias, para ti, cambia todo.»

En contra de propuestas deterministas según las cuales la realidad de nuestra situación está determinada por factores genéticos (el ADN es el causante de mi desorganización), por factores psíquicos (mis tendencias personales o carácter vienen determinados por la educación y las experiencias infantiles que he vivido) o por factores ambientales (alguien o algo de mi entorno es el culpable de mi situación), Victor Frankl, judío y psiquiatra determinista hasta que pasó varios años en los campos de exterminio nazis, demostró que el ser humano es quien tiene la libertad última de elegir. Frankl tenía en su interior la capacidad de decidir de qué modo podía afectarle todo lo que vivía en el campo. Esa libertad que ni los carceleros nazis fueron capaces de arrebatarle. (Si no has leído el libro «El hombre en busca de sentido», del propio Victor Frankl, te lo recomiendo. Perlas y más perlas para cultivar tras leerlo y releerlo).

Al igual que Frank, todo ser humano tenemos en nuestro interior la capacidad de decidir de qué modo nos afectan las condiciones externas. Nuestra conducta es función de nuestras decisiones, no de nuestras condiciones.

En OPTIMA LAB decimos que «la realidad es la que es y muchas veces, no es como nos gustaría». Depende de uno seguir igual, los resultados ya los conoces, o cambiar: creencias, hábitos, valores, objetivos, áreas de atención…La buena noticia es que existen metodologías de productividad personal como GTD®,  o de efectividad personal como OPTIMA3®, que te ayudarán a adaptarte a esta realidad.

¿Cómo? Tomándotelo en serio. Asumiendo que no existen atajos. Teniendo claro que tampoco hay píldoras mágicas. Se trata de desarrollar hábitos, y esto, al principio, cuesta. Una vez desarrollados, serán automatismos pero para llegar allí, necesitas invertir. Tú decides si quieres seguir gastando o empezar a invertir para reducir el precio que estás pagando.

Gracias por pasaros por el blog y hasta la semana que viene.

Jesús Serrano Ducar

Soy consultor artesano y nodo de OPTIMA LAB, una red productiva que ayuda a personas y organizaciones a ser más efectivas para lograr sus resultados por medio del aprendizaje basado en la experiencia y nuevas metodologías centradas en las personas.

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