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Coaching en Facilitonia, el país de las cosas fáciles


Una mañana de domingo, Valeria, una niña de 6 años se había levantado muy temprano.  Jesús, su papá, que el día anterior había comprado un libro de cuentos para niños, decidió estrenarlo y juntos eligieron el cuento titulado ‘Facilitonia, el paraíso de las cosas fáciles’, de Pedro Pablo Sacristán.

 Contaba la leyenda que existía un país llamado Facilitonia donde todo era extremadamente fácil y sencillo. Roberto y Laura, una pareja de aventureros, dedicó mucho tiempo a investigar sobre aquel lugar, y cuando creyeron saber dónde estaba fueron en su búsqueda. Vivieron mil aventuras y pasaron cientos de peligros; contemplaron lugares preciosos y conocieron animales nunca vistos. Y finalmente, encontraron Facilitonia.

Todo estaba en calma, como si allí se hubiera parado el tiempo. Les recibió quien parecía ser el único habitante de aquel lugar, un anciano hombrecillo de ojos tristes.

– Soy el desgraciado Puk, el condenado guardián de los durmientes – dijo con un lamento. Y ante la mirada extrañada de los viajeros, comenzó a contar su historia.

El anciano explicó cómo los facilitones, en su búsqueda por encontrar la más fácil de las vidas, una vida sin preocupaciones ni dificultades, habían construido una gran cámara, en la que todos dormían plácidamente y tenían todo lo que podían necesitar. Sólo el azar había condenado a Puk a una vida más dura y difícil, con la misión de cuidar del agradable sueño del resto de facilitones, mantener los aparatos y retirar a aquellos que fueran muriendo por la edad. Todo aquello ocurrió muchos años atrás, y los pocos facilitones que quedaban, aquellos que como Puk eran muy jóvenes cuando iniciaron el sueño, eran ya bastante ancianos.

Los viajeros no podían creer lo que veían.

– ¿En serio sientes envidia del resto?

– ¡Pues claro!- respondió Puk- Mira qué vida tan sencilla y cómoda llevan. Yo, en cambio, tengo que buscar comida, sufrir calor y frío, reparar las averías, preocuparme por los durmientes y mil cosas más… ¡esto no es vida!

Los aventureros insistieron mucho en poder hablar con alguno de ellos, y con la excusa de que les hablara de su maravillosa existencia, convencieron a Puk para que despertara a uno de los durmientes. El viejo protestó pero se dejó convencer, pues en el fondo él también quería escuchar lo felices que eran los facilitones.

Así, despertaron a un anciano. Pero cuando hablaron con él, resultó que sólo era un anciano en apariencia, pues hablaba y pensaba como un niño. No sabía prácticamente nada, y sólo contaba lo bonitos que habían sido sus sueños. Puk se sintió horrorizado, y despertó al resto de durmientes, sólo para comprobar que a todos les había ocurrido lo mismo. Habían hecho tan pocas cosas en su vida, habían superado tan pocas dificultades, que apenas sabían hacer nada, y al verlos se dudaba de que hubieran llegado a estar vivos alguna vez. Ninguno quiso volver a su plácido sueño, y el bueno de Puk, con gran paciencia, comenzó a enseñar a aquel grupo de viejos todas las cosas que se habían perdido.
Y se alegró enormemente de su suerte en el sorteo, de cada noche que protestó por sus tareas, de cada problema y dificultad que había superado, y de cada vez que no entendió algo y tuvo que probar cien veces hasta aprenderlo. En resumen, de haber sido el único de todo su pueblo que había llegado a vivir de verdad.

Tras leer el cuento un par de veces, Valeria y su papá entablaron una interesantísima conversación:

 Valeria: Papá ¿por qué los abuelos se comportaban como niños?

Papá: Porque han estado toda la vida durmiendo. Cuando eran niños no madrugaban para ir al colegio ni hacían la tarea. Después, cuando eran un poquito más mayores no quisieron ir a la universidad, creían que iban a pasarlo mal antes de los exámenes y el esfuerzo no merecía la pena. Y después, ya de mayores, prefirieron dormir a formar una familia, a ayudar a los demás y a levantarse cada mañana para ir a trabajar.

Valeria: Y el anciano guardián ¿por qué es el que más sabe de todos?

Papá: el anciano guardián, a pesar de protestar antes de hacer sus tareas porque veía la vida tan fácil y cómoda que llevaban los demás, se esforzaba y cumplía con su misión de cuidar el agradable sueño del resto, se sentía responsable de de ello.

Pasaron unas horas, Valeria estaba viendo dibujos con su mamá y Jesús, salió a correr como solía hacer los domingos por la mañana. Durante la carrera, no dejaba de pensar en el cuento de Facilitonia y se preguntaba a sí mismo:

 Acaso nosotros, las personas adultas, ¿no nos comportamos a veces como los habitantes de este pueblo?

 ¿En qué medida soy guardián o soy durmiente?

 ¿Realmente me gustaría ser siempre guardián o preferiría en algunas ocasiones ser durmiente?

 Y cuando tengo que tomar una decisión, en el día a día de nuestra vida: ¿prefiero quedarme dentro o fuera de mi zona de confort? ¿dentro de la cámara durmiendo o en la puerta cuidando de los que duermen?

Ya cuando llegaba a casa, Jesús recordó que hace una par de semanas leyó un artículo en un blog de coaching que sentía que le iba a dar luz a la hora de decidir cuándo quería ser guardián y cuando facilitón dormilón.

Después de la merecida ducha y con el cuerpo cargado de energía, buscó el artículo y lo leyó. El título es “Coaching y GTD, definiendo los niveles de perspectiva” y en él encontró información sobre la utilidad de aclarar su propósito en la vida, identificar sus valores y definir sus objetivos.

Pensó que si estos conceptos los aclaraba, decidir cuando prefería dormir, porque algo no iba con él, o cuando se querría implicar al máximo porque el tema estaba alineado con sus objetivos, sus valores y su propósito de vida le sería mucho más fácil.

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La semana que viene retomaré mis publicaciones sobre GTD con la idea de presentaros mi sistema, los documentos que lo componen, la estructura y lo que a mí me está funcionando para interiorizar los nuevos hábitos alineados con esta metodología.

Muchas gracias por leerme y estaría encantado de recibir vuestros comentarios. Ah!! Y como siempre, si os ha gustado me resultaría de gran ayuda que compartierais el artículo con vuestros amigos, en las redes sociales, por correo electrónico, por whatsapp o utilizando cualquier otro canal que se os ocurra.

Hasta la semana que viene.

Jesús

 

Jesús Serrano Ducar

Soy consultor artesano y nodo de OPTIMA LAB, una red productiva que ayuda a personas y organizaciones a ser más efectivas para lograr sus resultados por medio del aprendizaje basado en la experiencia y nuevas metodologías centradas en las personas.

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